BELLEZA NÓRDICA Y MORALIDAD CRISTIANA EN LA EDAD MEDIA

En la Edad Media (siglos V-XV), se combina el ideal estético impuesto por las invasiones de los “bárbaros”, que mostraban la belleza nórdica de ninfas y caballeros, con la fe y la moralidad del Cristianismo de la época, que impuso el recato como norma principal.

De este modo, la mujer medieval  muestra blancura en la piel, cabellera rubia y larga, pese a que el pelo suele estar recogido, rostro ovalado, ojos pequeños pero vivos y risueños, nariz pequeña y aguda, labios pequeños y rosados y torso delgado de complexión ósea como corresponde a las nórdicas: caderas estrechas, senos pequeños y firmes, y manos blancas y delgadas. La blancura de la piel se consideraba  un símbolo de belleza a destacar, ya que era un indicador de la pureza de la mujer y símbolo de su procedencia del Norte de Europa.

En cuanto a los hombres, eran representados como caballeros guerreros con armadura y pelo largo, altos y delgados, fuertes y vigorosos, esbeltos y con pecho y hombros anchos para aguantar la armadura, piernas largas y rectas como señal de elegancia y porte y manos grandes y generosas como símbolo de habilidad con la espada y de masculinidad. En el Renacimiento (siglos XV-XVI), se vuelve a imponer un canon de belleza semejante al del mundo clásico, recuperando la armonía y la proporción.

Dos ejemplos arquetípicos de la producción artística de la época son el David de Miguel Ángel

y el Nacimiento de Venus de Sandro Boticelli, que aún son emblemas de belleza masculina y femenina respectivamente.

Por supuesto, no podemos hablar de la belleza renacentista sin mencionar a Leonardo da Vinci, quien dedicó buena parte de su “Tratado de pintura” a describir las proporciones más armónicas entre todas las partes del cuerpo con el famoso dibujo del hombre de Vitruvio.

 

En él, el ombligo es el punto central tanto del cuerpo humano como de la circunferencia y el cuadrado en los que se inscribe cuando el hombre está extendido.

La época del Barroco (siglos XVII–XVIII) se caracteriza por ser la edad de la apariencia y la coquetería. En cuanto al aspecto físico de las mujeres, se pueden adivinar, bajo sus ropajes cuerpos más rollizos que en épocas anteriores, pechos más prominentes, resaltados por el uso de los corsés, caderas anchas y cinturas estrechas, hombros estrechos y brazos redondeados y carnosos. La piel blanca sigue siendo un referente de belleza.

De los hombres, por el contrario, destaca mucho el pelo (muchas veces con peluca), la piel muy blanca y las mejillas rosadas y, por encima de todo, trajes suntuosos de infinitas capas. Con todo, la llegada de la Ilustración en el siglo XVIII puso fin a estas modas e impuso nuevamente la sobriedad en las formas.

DR. JOSÉ CÓRDOBA CAMPOS.

CIRUJANO PLÁSTICO.

MIEMBRO DE LA SECPRE.